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Es difícil ser maestro en estos tiempos

El Tema: Muchos factores han robado el control de las manos de los educadores.

Pocos han de negar que el honorable llamado de ser maestro no es tan simple como lo fue en tiempos atrás. En estas fechas, hay un sinnúmero de razones por lo cual este trabajo se ha vuelto más complicado. Pero al final de cuentas, tiene que ver con el hecho de que los educadores de nuestros tiempos tienen más y más personas vigilando lo que están haciendo.

Y cuando uno se vuelve el blanco de miradas de reojo, se vuelve más y más difícil mantener el control del salón.

Los maestros de hoy tienen que averiguárselas con cantidades de exigencias gubernamentales, ya sean a nivel estatal o federal. Están bajo presión para que sus estudiantes alcancen las más altas calificaciones posibles en exámenes de gran perfil. Deben documentar papeleo por aquí y papeleo por allá. Y por si fuera poco, deben mantener a los jovencitos que educan bajo control, algunos de los cuales le tienen poco respeto a cualquier tipo de autoridad.

También es verdad que los maestros viven experiencias muy gratificantes. Tienen estudiantes que trabajan arduamente y alcanzan grandes logros mientras avanzan por el sistema educativo hasta llegar a territorio profesional.

Pero hasta el placer de esparcir conocimiento a menores de edad dispuestos a aprender se ve tachado por algunas de las frustraciones mencionadas arriba.

Probablemente la parte más difícil de su trabajo es retener algún tipo de control sobre estudiantes rebeldes. Al encargarse de este tipo de distracciones, los maestros tienen menos tiempo para pasarlo con los alumnos que siguen las reglas y merecen toda su atención.

Y no hay que ignorar que a los maestros no se les da las libertades que gozaban en años previos con respecto a la disciplina. El mal comportamiento, por lo general, les costaba a esos estudiantes maleducados algún tipo de dolor físico. Pagabas por tus malos hechos con “tablazos”, un tipo de castigo aplicado por un maestro o administrador capacitado para dar el golpe en el trasero.

Ahora los maestros tienen que hacerse cargo de los niños problemáticos al hacerlos pasar por la cadena disciplinaria; es decir, llenarles un papelito describiendo su mal comportamiento, enviarlos a la dirección, esperar a que el director los reciba, etc. Y si su comportamiento no es considerado demasiado explosivo, entonces la consecuencia que sufren no es tan grave. Por si fuera poco, el joven es enviado de regreso al mismo salón donde cometió sus delitos con poco hecho al respecto para que por lo menos lamente lo que hizo.

Dependiendo de cómo se dejen tratar por los estudiantes, algunos maestros son más respetados, otros hasta temidos, que otros. Pero de todas maneras deben manejar cualquier situación con total delicadez, como si caminaran entre vidrios quebrados.

Así que podemos decir con confianza que los maestros han perdido mucha autoridad con el transcurso del tiempo. Sin embargo, muchos de ellos también cuentan con la forma de influenciar positivamente y hasta hacer cambiar a sus estudiantes. Y corremos con la suerte de que todavía contamos con gente dispuesta a tomar este especial desafío de ser maestro o maestra.


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